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La Opción de la Adopción:
Historia de una Madre
Por Leasa, del Estado de Minnesota, EE.UU.
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Era el comienzo de mi primer año de escuela secundaria. Estaba muy emocionada proyectando otro año
de bucear, gimnasia y carreras. Pero esta alegría terminó muy pronto cuando me di cuenta de que estaba
embarazada.
Cuando se confirmó el embarazo, mi mente se aceleró. No es suficiente decir sólo que estaba
asustada, ¡estaba aterrada! Nunca consideré la idea de un aborto; yo no podría vivir sabiendo
que fui responsable de quitarle la vida a mi bebé, una muerte causada por mis actos.
Mi primer instinto me dijo que yo necesitaba educar a mi hijo por mí sola. Sabía que podía
amarlo y cuidarlo, pero cuando dejé de pensar en mí, y pensé en qué sería lo
mejor para mi hijo, supe que la adopción era la decisión correcta. Tenía yo entonces 16 años.
El procedimiento de adopción por el cual yo opté no es el plan ordinario. Yo escogí hacer
una adopción independiente y abierta. Por medio de este proceso yo pude seleccionar, en los prospectos,
a los padres adoptivos. Tuve la oportunidad de establecer una relación con ellos, como también, de
desarrollar una amistad duradera. Mientras más los conocía, más emocionada estaba de entregar
mi bebé a esta pareja. Ellos tenían mucho amor y seguridad para ofrecer a mi hijo. Estuvieron conmigo
en el hospital cuando mi hijo nació. Su cámara de películas de video filmó sin parar.
Siempre atesoraré los tres días que pasé en el hospital con mi hijo.
Entregar al niño a sus nuevos padres no es nada fácil, pero yo sabía en mi corazón,
que ésta era la decisión correcta para los dos.
Derramé muchas lágrimas durante los nueve meses y en el hospital. Pero no fueron todas lágrimas
de tristeza. Echo mucho de menos a mi hijo, pienso en él todos los días y sonrío. Le doy gracias
al Señor porque Él me condujo a personas tan especiales para que fueran los padres adoptivos de mi
hijo.
Han pasado varios años desde que mi hijo nació. Él tiene ahora una hermana adoptiva. Yo mantengo
contacto con la familia por medio de cartas y fotografías. No puedo explicar los sentimientos de orgullo
y alegría que experimento cuando veo la sonrisa en su cara.
Renunciar a mi hijo fue la decisión más dura que jamás tendré que hacer, pero tengo
más confianza que nunca, en que fue la correcta. Cuando estuve en el hospital recibí una tarjeta
que decía: "Algunas personas llegan a nuestras vidas, dejan huellas en nuestros corazones y ya nunca
somos los mismos." ?¡Esto es tan cierto!)
Un Millón de Matrimonios
Quieren Adoptar un Bebé
Tim y Amy dijeron: "Nosotros queremos adoptar
un infante porque amamos mucho a los niños y no podemos tener un niño propio. Hemos estado casados
felizmente por más de cinco años y queremos darle un ambiente de inmenso amor y apoyo."
Larry y Andrea dijeron: "Hemos estado casados felizmente desde 1986 y por ocho años hemos tratado de
tener niños por medios naturales, pero no hemos tenido éxito. Después de un tiempo adoptamos
a Lan. Él es un sueño hecho realidad. Ahora deseamos adoptar otro niño y le daremos un hogar,
donde Dios y la familia son muy importantes."
Steve y Tina dijeron: "Nosotros creemos que lo más importante en nuestra vida es tener niños,
para compartir con ellos nuestro amor. ¡Nosotros fuimos bendecidos en 1994 al ser escogidos para adoptar
a Emily, y no queremos tener que esperar para adoptar otra vez!"
Cada año más de un millón de esposos quieren adoptar un bebé. Sin embargo, solamente
hay 50.000 bebés para adoptar anualmente. (Fuente: National Council for Adoption.)
Esto significa que cada año 950.000 esposos no podrán adoptar un bebé para compartir con él
su amor y sus vidas. Es muy triste para estos esposos el descubrir que cada año unas 400.0000 niñas
adolescentes escogen abortar a sus bebés. Si estás embarazada y no deseas estarlo, por favor considera
el dar a tu hijo en adopción. Dar tu bebé a uno de esos matrimonios será uno de los dones
más generosos y preciosos que puedas darle a alguien.
Puedes encontrar a matrimonios que quieren adoptar un bebé en:
www.adoption.com
Ver otros testimonios de adopción

¡Testimonio
del Actor y cantante Eduardo Verástegui y su conversión!
protagonizó
la pelicula Bella con un testimonio hermoso de la fuerza del amor y la adopción.
Autor: Jorge Enrique Mújica
Del mundo de la fama al mundo de la fe
Actor y cantante Eduardo Verástegui y su conversión

Del mundo de la fama al mundo de la fe
Empezó a trabajar a los 17 años cantando en un grupo que se llamaba "Kairo". Viajes, discos,
videos, telenovelas en México… La fama fue subiendo y cumpliéndose sus "sueños".
Ya sin el grupo siguió cantando como solista. En uno de sus viajes México-E.U. le conoció
un director de casting de la "Century Fox" y lo contrató para grabar películas en Hollywood.
Con 28 años y jornadas de estudio de ocho horas al día, a los siete meses aprendió inglés.
La maestra, para su sorpresa, resultó ser una católica convencida que sembró en él
la inquietud por buscar la verdadera felicidad. "Después de doce años de carrera, de lograr
todos esos sueños que pensé me iban a dar la felicidad, de haber llegado de un pueblo chiquito a
Hollywood, de hacer una película en inglés, de tener doce managers, publicistas, agentes, abogados,
todo tipo de personas trabajando para mí para lanzar el próximo "latin lover, Don Juan, casanova";
y de pronto ¡confundido porque no era feliz! ¡Y claro: mexicano, católico practicante; según
yo practicaba porque iba a misa una vez al año y traía un Rosario colgado!" Así narró
hace poco el comienzo de su conversión a un grupo de jóvenes que le escuchamos pasmados.
"Si amas tanto a Dios como dices -le dijo la maestra-, traes el Rosario, tienes una Virgen en tu casa, vas
a misa una vez al año y crees que lo estás sirviendo, ¿por qué le insultas tanto?;
¿por qué rompes este mandamiento…? Desde ahí empezaron las lágrimas. Tres meses de
llorar y llorar. Por la gracia de Dios me di cuenta de que estaba viviendo en una incoherencia total, contradicciones
todo el tiempo. Así es que dejé todo: mis manager, mi carrera; fui a hablar con un sacerdote…"
Fue tan fuerte la acción de la gracia de Dios que estuvo a punto de meterse en un seminario. Pero el consejo
del sacerdote le impulsó a otra misión: fundar una productora de cine. "Allí donde está
la oscuridad, ahí es donde debes estar porque si Dios cerró los ojos ahí necesitamos ser una
luz en la oscuridad", le subrayó el padre.
Para colmo le dio un libro que le cambio la vida ("Roma, dulce hogar"): "Cuando cerré ese
libro, hace tres años, empecé a asistir a misa todos los días. Ese libro me ayudó mucho
a discernir: o es realmente Dios o no lo es. Y si sí es (que me quedó bien claro por la gracia de
Dios que estaba actuando en ese momento) quiero estar ahí en ese momento todos los días del resto
de mi vida. Me fui a un retiro como cinco días y ahí fue donde salió la idea de armar "Metanoia
films", porque la palabra metanoia, conversión en griego, era lo que estaba pasando. Dejar todo lo
que en un momento pensé que iba a ser la felicidad para seguir a Dios y entregar mi vida completa a Dios,
que yo creí que iba a ser en el seminario, como monje de clausura o algo así y Dios me la puso de
manera diferente".
Pero no paró todo ahí. Con la productora lista, contratos jugosos rechazados, dispuesto a promocionar
los valores, se empezaron a sentir las pruebas por la falta de dinero: Sabía que Dios lleva a los hombres
a las aguas profundas no para ahogarlos sino para limpiarlos pero ¡ya nos andábamos ahogando!
En noviembre de 2004, invitado por el amigo sacerdote, fue a Roma, saludo a Juan Pablo y le presentó "Metanoia
films". Una semana después conoció a Sean, un católico que le compró parte de
la compañía y le dio el dinero para hacer la película: "¡Justamente una semana
después de haber conocido al Santo Padre! Para nosotros fue un milagro clarísimo".
Como la temática lo exigía, antes de iniciar el rodaje decidió ir a una clínica de
abortos para platicar con alguna chica. "Cuando llegué empecé a ver a estas chavas entrando;
niñas de 15 a 23 años, en su mayoría latinas… ¡No pude ni hablar! Obviamente ni decirles
"Fíjate que estoy haciendo una película, me gustaría saber el dolor que traes para…"
¡No pude! Se me cerraron los labios y lo único que hice fue observar la gente que estaba fuera tratando
de convencerlas con sus panfletos, con todo lo que les estaban platicando".
Al final terminó hablando con una joven que le había reconocido. Se la llevó a otro sitio,
y a platicar y platicar. Le enseñó un video pro vida, le regaló cosas, le habló de
la belleza de ser portadora de una vida… Al final la joven se subió al auto de su marido y no aborto.
Tras filmar la película, el esposo de la chica le habla y le pregunta si pueden llamar al niño: "Eduardo".
Verástegui fue al hospital, llevó sacerdote y bautizaron al niño. "Una de las excusas
que tenían para abortar era que la niña anterior había salido con los ojitos un poco malos;
el segundo hijo les salió con una burbuja en la cabeza y pensaron que el tercero también les iba
a salir así y nada, gracias a Dios el tercero fue el que salió físicamente sano. Me quedó
muy claro que fue la gracia de Dios y que a uno lo utiliza simplemente como un instrumento, pero ha sido la cosa
más bella que he hecho en toda mi vida…"
La idea de esa película es salvar muchas vidas. Que cualquier chica embarazada que quiera abortar y vea
la cinta, quede tocada en su corazón y cambie su decisión.
La historia de Eduardo Verástegui es una de esas conversiones que reclaman examen de conciencia y exigen
revisión de la propia vida. "¿Si el pudo, por qué yo no?", se preguntarán
muchos. La respuesta estará no en el fácil responder: "¡claro, es que el es famoso y yo
no!", sino en la actitud de correspondencia a la gracia que da Dios, al amor de Dios que es el mismo para
todos. Cada uno actúa desde el puesto que le toca. Ninguno es innecesario porque en todo cuerpo tanto vale
el corazón como el cerebro, la vista como el tacto. Todo depende del fruto que sepamos dar según
el propio papel.
Comentarios al autor: jemujica@legionaries.org
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